Los Carmelitas Seglares, junto con los Frailes y las Monjas, son hijos e hijas de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y de Santa Teresa de Jesús.(Regla Ocds art.1.)

jueves, 15 de diciembre de 2016

AMOR


Santo Evangelio según san Mateo 1, 18-24

      El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
      María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.


      José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
      –«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»


      Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo
y le pondrá por nombre Emmanuel,
que significa "Dios–con–nosotros".»

      Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.


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"José se despertó e hizo lo que le había mandado el ángel del Señor"
   El IV domingo de adviento, que muchos años apenas hay tiempo para celebrar, es una anticipación “descarada” de la gran fiesta de Navidad. Es lógico, a menos de una semana de la nochebuena, pensar en lo que más importa ahora: disponernos a la inmediata celebración de la fiesta más entrañable de nuestra fe. Viene ya Jesús, está ya encima y lo más importante en nuestra agenda estos días debe ser disponerlo todo para acogerle. Las lecturas se centran en ello. Viene un niño que es la respuesta de Dios a nuestras verdaderas necesidades (primera lectura), no a las más superficiales. Como para el rey Acab, parece que este crío no va a solucionar nada de manera inmediata. 

   No trae un ejército debajo del brazo, que es lo que él necesitaría, pero trae esperanza, confianza, la certeza de que la alianza con Dios es un proyecto válido y lleno de vida, fuerza para resistir en lo esencial y que de verdad importa. Certifica este niño que Dios no se duerme, sino que vela, y nos pide eso mismo, siquiera por un día, estar al tanto para percibirle y acogerle para saber que, verdaderamente, el Dios verdadero es el “Dios con nosotros”. El Evangelio, de Mateo, como casi todos los de este año, es el relato, ya anticipado, del “nacimiento de Jesucristo”.
   Nos habla de María, pero también de José, otro José soñador, como el del Génesis, y capaz, como aquél, de convertir sus sueños en vida y bendición, presintiendo en ellos la voz y la mano de Dios. José no teme ni tiene reparos sino que hace lo que tenía que hacer, su trabajo, su papel para que todo encaje y funcione, se convierta en realidad y verdad humana.

    Para que se pueda contar y para que podamos participar de lo inaudito de Dios es preciso que lo creamos, lo asumamos, sepamos que es para nosotros. Este niño es Jesús, el salvador, el que libra del pecado, del miedo, de la esclavitud a quien le coja en brazos y le acoja de corazón. Acogerle para que él nos tome en su vida, para que sea nuestro amigo, hermano, esposo, compañero para siempre. Es uno de nosotros, es niño, y así puede, tiene que ser acogido y querido pero “viene del Espíritu Santo”, es Dios mismo que nace en nuestra carne (segunda lectura) y por eso al acogerlo, nos sostiene y nos salva. 

(COMENTARIO PAGINA DE LA IBERICA DE SANTA TERESA OCD)

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